Hoy te ví.
Estabas del otro lado del andén. Yo no te había visto aún, pero tú sí, y me mirabas fijamente. Cuando fui conciente de tu mirada penetrante, también te miré, como en un reto de miradas.
El tiempo se detuvo un instante, en donde me retabas a dar el siguiente paso, y entonces te sonreí.
Te sonreí, porque hace tiempo te perdoné. Perdoné tus mentiras, tus engaños, tu crueldad y tu indiferencia. Perdoné que jugaras con mis sentimientos, los metieras en una juguera y me devolvieras aquel revoltijo. Perdoné que pasaras de mi como si nunca hubiera existido en tu vida.
Y claro, mi sonrisa te descolocó. Seguramente, creías que aún tenías algún poder sobre mi. Pero ya no.
Y cuando el tren ingresó en el andén, lo tomé sin dudar, porque también hace tiempo te dejé atrás, porque yo sí logré te superar. Porque ya no guardo ningún tipo de sentimiento hacia ti, ni siquiera odio.
Ahora sólo eres un amargo recuerdo qué, seguramente, terminaré por olvidar.